#EspecialCherchi
Entre el cielo y el infierno

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“El deporte es lo más importante de lo menos importante”. Nunca le había prestado demasiada atención a esa frase atribuida popularmente a Jorge Valdano, pero el domingo después de ver a la Vinotinto caer luchando hasta el último segundo en la final del Mundial Sub 20, de pronto esas palabras tuvieron más sentido que nunca.

Jugar noventa minutos para coronarse el mejor equipo de fútbol del mundo en su categoría era algo que ninguna oncena venezolana había tenido la oportunidad de lograr y apenas alguna otra había podido soñar con esa circunstancia. La Vinotinto de Dudamel se quedó a centímetros. Centímetros que permitieron que la mano del portero Woodman detuviera el penal de Peñaranda o los que evitaron que Fariñez chocara de lleno con el segundo disparo de Dominic Calvert-Lewin, que se convirtió en el único gol del partido. Nunca antes Venezuela había estado tan cerca.

Que se ganó perdiendo, que estos muchachos son campeones, ya lo habrán leído y escuchado hasta el cansancio, como también habrán escuchado que este triunfo aliviana el día a día del venezolano que se pone la camiseta, sufre y se emociona para olvidarse de que allá afuera, quizás frente a su casa, su país se cae a pedazos. El orgullo no se borra y el recuerdo de esta hazaña deportiva nunca se apagará, pero la realidad de Venezuela es dura y el fútbol, en un segundo plano dentro de la tragedia, no es ajeno a ella.

Diría que lo que han logrado estos chamos es un milagro si no supiera que detrás de esas victorias hay un gran talento y muchísimo trabajo. Pero no dejo de preguntarme cómo se puede jugar al fútbol y triunfar, cuando llegar de la casa al entrenamiento es por sí solo un riesgo, cuando la comida es un producto de lujo y enfermarse es casi una sentencia de muerte porque hoy en Venezuela parece que hay más bombas lacrimógenas que medicinas.

El domingo en Suwon (Corea del Sur), Venezuela cayó peleando ante Inglaterra, un país desarrollado, quizás con la mejor liga de fútbol profesional del planeta, con campos impecables, con estructuras sólidas en sus clubes y la garantía de que si eres un gran futbolista y mantienes tu nivel, nada material te faltará a ti o a tu familia. Sé que algunos de los chicos venezolanos hacen vida en el exterior y han comenzado a asegurar su futuro, pero incluso ellos alimentaron su talento en el fútbol profesional venezolano, sufrieron la realidad del país y probablemente la sufren todavía a través de los seres queridos que tienen en Venezuela. Por eso este subcampeonato tiene un valor que ni los mismos rivales que enfrentó la Vinotinto podrán jamás entender.

Aunque no tenga en sus manos la copa hoy Venezuela celebra. La hazaña de estos jóvenes no merece menos. Mañana, el país volverá a poner sus energías en el objetivo por el que viene luchando desde hace años: recuperar la libertad y volver a ser una tierra de oportunidades.

 
 
One Response to " #EspecialCherchi
Entre el cielo y el infierno "
  1. Ruben dice:

    Tremendo articulo Tony, reflejando la realidad q vive hoy en dia nuestro pais, tanto en lo futbolistico como en lo social

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